Madurez Espiritual

Sería maravilloso tener en esta época a Pablo el apóstol de los gentiles con nosotros, para que nos disertara sobre este tema y nos ampliara 1 Corintios 2:6 o Hebreos 5:14, acreditándosele esa última carta a él también, ya que se refieren al tema presentado.

Se necesita un gran esfuerzo en estos días por parte de los creyentes, para discernir la teología que se practica hoy en los múltiples altares cristianos, pues constantemente varía de acuerdo al énfasis del predicador o de los salmistas.

Se nos vienen encima mil formas de expresar alabanza y adoración, además de lo confuso de aceptar o no los modelos o estilos de igle-crecimiento con diferentes precios que nos asustan a los conservadores. Cuesta distinguir como se hacía antes, la frontera para determinar qué es y qué no es “pentecostal”; quizá esto sea bueno ante Dios y la iglesia que lucha por la unidad.

Los próceres cristianos que fueron usados con gran poder para conquistar las Américas, en su mayoría infestada de idolatría y tradiciones ajenas a un cristianismo genuino, se nos hicieron mayores de edad y unos partieron a la eternidad. Con algunos de ellos se nos fueron los estereotipos de líderes con gran ejemplo de madurez.

Realmente hoy los que pasamos la línea de los cincuenta años nos preguntamos: ¿Hemos madurado o envejecido? No sé si Jacob ciertamente maduró en su cambio para ser Israel, cuando pudo adorar sobre su bordón o cuando luchó contra el ángel, o quizá cuando se arrodilló siete veces pidiendo perdón a su hermano que lo buscaba para matarle, pues le había hurtado sus herencias espirituales. La verdad es que su cojera nos habla de quebrantamiento.

Algunos se desaniman cuando miran a ministros competentes que abrazan “doctrinas modernas”, y a los meses o pocos años, aquello que era la misma gloria se tornó en un fracaso. Alguien dijo que “los éxitos tienen cien padres, pero los fracasos son huérfanos”. Lo que sucede es que no se tiene la valentía de pedir perdón por haber tomado caminos equivocados o humanos, porque en el trayecto se daña a mucha gente noble que hoy está como mutilada espiritualmente.

Pablo explica que el alimento sólido es para el pueblo que adquirió madurez; entonces uno cuestiona si lo que se decía era realmente alimento sólido o blando (en Costa Rica se dice “atolillo con el dedo”).

Se me preguntó en un concilio de pastores de mi país que estimo y respeto mucho, cuál debe ser el perfil de un líder cristiano en el presente siglo. Creo que pude responder acertadamente al decir que ese perfil es el mismo que necesitó el Señor en el tiempo de Noé, Abraham, José, David, Miqueas, Timoteo entre muchos otros. Lo que Dios exigió ayer lo exige hoy. Dios no cambia, no hay sombra de variación en Él.

Por ejemplo: ¿Cómo determinamos si un cantante o salmista de nuestros días maduró? Lo definimos al mirar que al pasar de moda sencillamente otro lo superó en popularidad, y de pronto ya no lo programan las emisoras; lo eliminaron.

Personalmente me es difícil definir madurez en días actuales; es como tratar de explicar el significado de “éxito ministerial”, que en ocasiones al parecer lo tiene el que posee una iglesia con “x” cantidad de miembros, con buen carro, casa y algunos servidores, los cuales no se sabe si sirven a Dios o al hombre.

Así que según Pablo, este tema no se puede ventilar con todos, sino con gente sabia, y espero tener un poco de ella para no cometer yo el mismo error al respecto, pues no se trata de tirar piedras y esconder la mano.

Si bien es cierto, que sentarse a los pies de un Gamaliel maduro (que los hay y muchos) nos permite pesar su espíritu y ver que sus temas son sólidos y profundos, pero también nos permite ver en ellos mansedumbre y humildad para arrancar la ignorancia y el infantilismo de sus siervos, que hace tanto daño o la iglesia del Señor. Cuando se escucha en diferentes altares y medios a líderes con complejo mesiánico, asegurando ser los portadores de las verdades absolutas de Dios, nos entra otra vez desazón de lamento en el alma, por el nivel que se ministra.

Costa Rica goza de un avance palpable en la iglesia del Señor. Quiera el Señor levantar el “nivel de raíces” para que no nos mueva ningún viento distractor y avancemos a una madurez estabilizadora.

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